-Todos cometemos errores, metemos la pata y nos equivocamos. Habitualmente cuando esto me sucede me doy cuenta rápidamente: igual que hago o digo también cuento con un mecanismo de evaluación que pongo en marcha casi de manera automática.
-A veces, mis fallos perjudican o van en contra de las personas que quiero, por contradictorio que pueda parecer. Quién no ha herido alguna vez con un comentario fuera de tono?, con una acusación infundada?, ha juzgado a alguien sin el tener menor derecho a hacerlo o ha pagado un enfado consigo mismo con la primera persona que ha encontrado?.
-Cuando esto me pasa y me doy cuenta..., suelo afrontar la tarea de pedir perdón o disculpas. Algo que desde fuera parece tan sencillo que a menudo se convierte en un proceso complicado: puedo pensar que pidiendo perdón estoy reconociendo no solamente mi fallo sino también mostrando mi debilidad; también puede suceder que la persona que ha recibido el daño me haya dañado a mi antes y no se haya disculpado ¿Por qué debo de hacer ese esfuerzo si la otra persona no lo ha hecho?; otras veces son las propias circunstancias, simplemente no vuelvo a coincidir con la persona a la que he dañado; en ocasiones la vergüenza también actúa como barrera limitante. Finalmente, un motivo que se puede unir a los anteriores es que no se cómo hacerlo...
-Lo siento, fue mi culpa, me precipite, cometí un gran error... "Tan simple y tan difícil"

No hay comentarios:
Publicar un comentario